Antes de su presentación en la Bienal de Venecia 2024, la obra Ojalá se derrumben las puertas de Luciana Lamothe fue desarrollada y probada a escala real (1:1) en una nave industrial de Quilmes, en el Gran Buenos Aires. Este espacio funcionó como un laboratorio de experimentación, donde se ensambló la estructura completa, facilitando pruebas de resistencia y equilibrio que definieron la configuración final de la obra.
Aunque la instalación fue testeada en Quilmes, no se exportó a Venecia. En su lugar, la obra se reconstruyó íntegramente en Italia con materiales locales, presentando desafíos específicos. Uno de los más significativos fue traducir las propiedades de la madera utilizada: en Argentina se trabajó con guatambú, mientras que en Venecia se optó por abedul, adaptándose a sus diferentes características de flexibilidad y comportamiento estructural.
El mismo equipo que trabajó durante tres meses en Quilmes viajó a Venecia para realizar el montaje, esta vez en tan solo un mes. Su familiaridad con las complejidades de la obra y su construcción fue clave para llevar a cabo el proyecto con precisión y en tiempos ajustados.
Este proceso no solo aseguró la viabilidad técnica de la instalación, sino que también consolidó los conceptos de colaboración, adaptabilidad e interdependencia que la sostienen.